El pasado viernes 2 de junio celebramos en L’escola Gavina los 30 años de su creación. Veintiuno han pasado desde que mi promoción, la segunda del colegio, salimos de aquel paraiso de infancia para enfrentarnos al mundo real (elegimos el color de la pastilla equivocado). Sin embargo el poso que la Gavina nos dejó ha ido mas allá de los conocimientos que pudiéramos adquirir, porque lo que nos enseñó la escuela es a tratar de ser cada día mejor persona, a apreciar a los amigos, a desarrollar nuestra faceta como seres sociales (Rousseau dixit), respestuosos con los demás y con nuestro entorno y a enriquecer nuestra alma, como mentes inquietas que somos. Esta feo que yo lo diga pero como me han llegado a decir algunos a los Gavineros se nos nota, no es que nuestra pasta sea mejor o peor, ni mucho menos, simplemente es distinta.

